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Iberos en Porcuna

Porcuna en la Prehistoria y Edad Antigua

El origen de Porcuna se pierde en la más remota antigüedad. Los vestigios o restos más antiguos conocidos se remontan hasta unos 20.000 años, en el período del Paleolítico Superior conocido como Solutrense, en el yacimiento de La Peña de la Grieta situado en el lugar conocido como Sofuro. Desde este momento no ha cesado la ocupación humana en su territorio, destacando el poblamiento neolítico, y el de las edades del Cobre y Bronce de gran riqueza agrícola (cereal) y ganadera, y con grandes poblados rodeados de fuertes y potentes muros fortificados defensivos, entre lo que se hallan los yacimientos de los Alcores y de Albalate. En los Alcores también ha aparecido un campo de silos para almacenar los cereales.

Yacimientos arqueológicos de Porcuna

Al llegar las influencias orientales (fenicios y griegos) y florecer el reino de Tartessos recibe las corrientes culturales de la Andalucía atlántica e inicia un gran desarrollo, culminando en época ibérica con la constitución de una poderosa ciudad-estado llamada IPOLCA. Estrabón y Plinio la sitúan entre las ciudades más notables de la Bética y como capital de los túrdulos.

En esta época, alrededor del siglo IV a.C., se construyó en ella un soberbio monumento escultórico, que constituye el mayor conjunto de esculturas ibéricas existentes. En él los escultores, con gran influencia griega, representaron luchas de guerreros entre sí y con animales mitológicos, grupos de animales en lucha, escenas de caza, sacerdotes y sacerdotisas, figuras de animales, etc., con una gran maestría y perfección comparables a algunas obras maestras griegas. Todas ellas fueron halladas en el lugar del Cerrillo Blanco, muy mutiladas, pero cuidadosamente enterradas.

La ciudad tuvo acuñaciones monetales, en las que figura el nombre ibérico de Ipolca junto al latino de Obulco. Su actividad principal era la producción de cereales, abasteciendo a toda la campiña y muy probablemente a Roma, a través de la vía que comunicaba la ciudad con el Guadalquivir.

Durante la época romana, Obulco continuó siendo una notable ciudad, siendo cuartel general de Julio César, donde se preparó la campaña contra los hijos de Pompeyo. Estrabón nos relata como César viajó de Roma a Obulco en veintisiete días en el año 45 a.C. En reconocimiento a su lealtad, César le concede el título de Municipio Pontificiense y el de Obulco URVS VICTRIX NOBILIS, como atestiguan las numerosas inscripciones aparecidas en su suelo.

La edificaciones excavadas de la antigua Obulco y que hoy podemos observar en la zona de San Benito-La Peñuela presentan una planta aislada, sin contactos una con la otra y separadas entre sí por un estrecho pasillo. Entre ellas destaca la llamada "casa de las columnas", que tenía un patio rodeado de enormes columnas de un solo bloque de piedra y enormes capiteles. En el suelo de una de estas viviendas aún se puede observar un tipo de pavimento doméstico confeccionado con ladrillos de canto que se disponen en forma de espiga o espina.

Los íberos: Príncipes de Occidente

Cabeza de guerrero

Los historiadores griegos y romanos designaron con el nombre de íberos a un conjunto de tribus que se extendían a orillas del Mediterráneo ente Agde, el Languedoc, y la Baja Andalucía. Este espacio fue escenario, desde finales de la Edad de Bronce, de un profundo cambio cultural.

Los descubrimientos de la arqueología, gracias al estudio de yacimientos y de fuentes históricas, permiten interpretar la eclosión del mundo ibérico como resultado de un largo proceso de enriquecimiento que dio lugar a formas de poder y de organización social jerarquizadas, así como el nacimiento de una aristocracia de príncipes que impulsó el fenómeno urbano, la escritura y el comercio y desarrolló formas artísticas de una gran originalidad.

La aparición de una cultura monumental ibérica, en el siglo V a.C., demuestra el grado de desarrollo que alcanzó esta cultura desde sus inicios. La figura del héroe idealizado en combate con otros guerreros o con animales fantásticos, las damas o los dignatarios con sus joyas y armas, responden al deseo de ostentación y prestigio vinculado al ejercicio del poder. Los artistas ibéricos seleccionaron elementos orientales, griegos, púnicos o itálicos para crear su propia personalidad artística.

La cultura ibérica es un fenómeno complejo de constante interacción entre dos esferas -la colonial y la indígena- que acabaron integrándose en un único proceso. Las colonias fenicias y griegas, situadas en zonas de alto valor estratégico (Cádiz, Eivissa, Empúries), mantenían con los poblados ibéricos un comercio basado en el trueque de materias primas escasas en el mundo oriental por productos manufacturados de alta calidad. La circulación de objetos, signos de escritura y, a partir del siglo III a.C., de monedas, permite establecer la frecuencia y la dirección de los intercambios.

A su llegada a la Península, a finales del siglo III a. C., Roma encontró una cultura organizada en ciudades y territorios bien estructurados y, por lo tanto, fácilmente adaptables al modelo romano. En esta época, la sociedad experimentó cambios expresados en formas artísticas menos suntuosas hasta llegar a la plena romanización de los pueblos ibéricos.

El Arte Ibérico en la Provincia de Jaén

La cultura ibérica se localiza cronológicamente entre los siglos VI a.C. hasta el siglo I d.C., es decir, casi toda la edad del hierro del mediterráneo peninsular. Los íberos constituyen el primer ejemplo de grupo cultural sobre la península Ibérica, y del que se tiene suficiente información como para reconstruir sus formas de vida.

En nuestra provincia se tiene constancia de la presencia de algunos pueblos íberos en el norte del río Guadalquivir, en torno a la ciudad de Cástulo (Linares), en la zona de la campiña de Porcuna, en el Cerro Alcalá (Jimena), etc. Todos estos pueblos, tan cercanos a nosotros, tenían una estructura social en la que las diferencias sociales estaban muy desarrolladas.

Hablando de ARTE IBÉRICO, podemos decir que estos pueblos íberos dedicaron gran parte de su arte y su cultura al mundo del más allá, y que fue en las artes figurativas donde desarrollaron al máximo este sentido artístico, quedando patente sobre todo en las esculturas.

Utilizan piedra, bronce y madera. No acostumbraron los íberos a representar imágenes de divinidades, por más que la mayoría de sus grandes obras sean de temas religiosos, como los "EXVOTOS" de los santuarios o los animales de significado protector en los monumentos funerarios. El área de expansión de la escultura no es excesivamente amplia, a diferencia de la pintura sobre vasos de cerámica, que sí alcanzó mayor difusión.

Los santuarios de Despeñaperros y de Castellar de Santisteban son una fuente casi inagotable de pequeños exvotos de bronce.

Toda esta cultura y arte ibérico de nuestra provincia está impregnada de influencias asiáticas-orientales (Cástulo) y griegas (grupos escultóricos de Porcuna). La venida y establecimiento de colonos griegos procedentes de las costas anatólicas hizo que se erigieran estelas rematadas por esfinges y esculturas de grifos. La cerámica, en principio decorada sólo a base de bandas y motivos geométricos, pasa a ostentar temas figurativos, que alcanzan su culminación en las representaciones esquemáticas de hombres, animales y vegetales.

Ejemplo de gran belleza de tu entorno más cercano lo puedes apreciar en el Museo Provincial de Jaén, donde podrás contemplar piezas de la cultura ibérica como el Toro de Porcuna, el León de Huelma, la Caja funeraria de Villargordo, figuras masculinas del Collado de los Jardines de Santa Elena, Vasos de Toya de Peal de Becerro, etc.

Resumiendo, la importancia de la cultura ibérica es abundante y rica en la provincia de Jaén y sus producciones artísticas se dividen en dos grandes grupos:

a) El gran grupo de estatuas del Cerrillo Blanco de Porcuna.
b) Y el grupo de pequeñas estatuas o figurillas representado por los Exvotos de los santuarios de Castellar de Santisteban y Despeñaperros.

El Conjunto Escultórico del Cerrillo Blanco

El Cerrillo Blanco es una pequeña elevación aproximadamente circular situada más o menos a 3 km. al norte de nuestro actual pueblo. Su nombre se debe a una de sus peculiaridades: el tono claro del terreno, que lo distingue de los cerros colindantes, además de tratarse de la cota más alta de la zona.

El acceso al yacimiento es relativamente fácil; en la carretera Jaén-Córdoba (A-306) comienza una carretera provincial en dirección a Arjonilla (JA-4401). Entrando por esta carretera local, hay que llegar con el vehículo a la altura del Centro de Interpretación de Cerrillo Blanco (a unos 600 metros del cruce), situado en la margen izquierda de esta carretera. Allí puedes aparcar el vehículo y visitar este centro, o seguir el camino que sale hacia la cota más alta de este cerro, que es precisamente el emplazamiento del Cerrillo Blanco. (Mapa de situación: Google Maps)

El yacimiento se sitúa en la campiña de Jaén, casi en el límite con la de Córdoba, dentro de un paisaje de gran originalidad a base de lomas y depresiones alargadas.

Equidistante de Sierra Morena (al Norte) y las serranías subbéticas (al sur y este). Tiene, por tanto, una situación estratégica en las comunicaciones de Andalucía con otras regiones de la Península, dominando desde su colina las llanuras y depresiones colindantes. A su situación estratégica se une la fertilidad de los campos, con un clima típicamente mediterráneo, de un régimen de lluvias (primavera, otoño) y unas temperaturas con oscilaciones térmicas moderadas muy aptos para el cultivo de cereales, ya que las condiciones del suelo son también apropiadas.

Al igual que en muchos otros casos, este yacimiento se descubre de forma casual y de manera pintoresca. Por los primeros años de la década de los setenta, unos campesinos, dueños del olivar del yacimiento, encuentran una cabeza de caballo y la dejan en el tronco de un olivo, no dándole mayor importancia y procurando que no se entere nadie por miedo a que les "desgracien" el olivar.

Posteriormente, en el año 1975, y a consecuencia de los trabajos propios en el olivar, van apareciendo otras esculturas, que venden a un gitano llamado don Virgilio Romero Moreno. Las esculturas compradas por don Virgilio son trasladadas a Bujalance (Córdoba), y éste y su cuñado, don Sebastián Muñoz Cortés, que suelen consultar a veces con los museos de Córdoba y Jaén sobre las piezas de estas provincias que pasan por sus manos, las ofrecen en venta al director del Museo de Jaén el día 19 de junio, quien las acepta en principio si tienen calidad. Al día siguiente le son mostradas ocho piezas magníficas, comunicándole que poseen otras seis más.

Lucha con grifo

Después de un trato de urgencia y tras examinar las piezas que se encontraban en Bujalance (lucha del Grifo y el atleta, figura fálica, etc.), se consigue ultimar el "trato" con la promesa de convencer al dueño del olivar para que conceda un permiso de excavación en su finca mediante una indemnización razonable, quedando ese mismo día todas las piezas aparecidas hasta el momento en el Museo Provincial de Jaén.

Al día siguiente (21 de junio), el director del Museo de Jaén consiguió permiso particular del dueño del terreno, don Benito Cespedosa Santiago, y solicitó inmediatamente, ante el peligro que corría el yacimiento de ser expoliado, permiso oficial de excavaciones urgentes de la Comisaría del Patrimonio Artístico, que le fue concedido de inmediato. Ese mismo día recogió un camión de fragmentos de escultura que se encontraba entre los olivos y organizó lo necesario para el comienzo de la excavación al día siguiente. A partir de aquí se suceden cinco campañas arqueológicas (1975, 76, 77, 78 y 79).

Se trata de un conjunto de tal envergadura que por sí solo abre un capítulo nuevo en la Historia del Arte Ibérico. Se pueden fechar hacia la segunda mitad del siglo V a.C. Son un grupo de más de 40 estatuas, quizás 50 ó 60, y cientos de fragmentos, con novedosas aportaciones. Parece ser que habían sido enterrados allí, tapándose la fosa con grandes losas de piedra. El estado de conservación de las piezas era muy bueno aunque mutiladas de tal manera que su reconstrucción ha sido y sigue siendo un trabajo muy difícil.

Del conjunto de fragmentos y figuras parece diferenciarse un grupo de guerreros frente a otro grupo de figuras más heterogéneas. Dentro de los guerreros se distinguen ocho estatuas mayores de bulto redondo que serían: guerrero de la armadura doble, guerrero inacabado con casco, guerrero de la espada larga, jinete desmontado y caballo junto a guerrero atravesado por una lanza, guerrero caído con ave, guerrero con caetra colgada al hombro y guerrero asido por la muñeca.

Guerrero con caballo

A pesar de que estas figuras se han emparentado temática y estilísticamente con el mundo griego, la vestimenta y panoplia que presentan tiene claros paralelos con el mundo hispánico (íberos y celtas).

Los grupos escultóricos de los guerreros representan, casi todos, escenas relacionadas con luchas. Encontramos a los hombres luchando con hombres, algunos malheridos; animales luchando con animales; hombres luchando con animales comunes o con grifos y otros animales mitológicos. El escultor de Cerrillo Blanco ha intentado siempre darle movimiento y vida a la representación, consiguiendo siempre una grandiosa armonía.

El otro conjunto de esculturas se puede subdividir en:

Cabeza de toro

La piedra utilizada en la talla de las esculturas es la propia de las canteras de Santiago de Calatrava (al sur de Porcuna), caracterizada por ser una arenisca blanca, de grano muy fino y fácil de labrar, conocida en la región como "piedra de Santiago".

En cuanto a la interpretación del conjunto se ha venido hablando de un heroon o monumento funerario, aunque Negueruela propone tres interpretaciones: una de carácter funerario, otra como santuario y finalmente de carácter civil.

Necrópolis de inhumación

Aparte de las esculturas extraídas en el Cerrillo Blanco, en la campaña arqueológica de 1978 salió a la luz una necrópolis de inhumación, fechada entre el siglo VII y principios del siglo VI a. de C. La necrópolis consta de un total de 29 sepulturas en fosas individuales y una megalítica, cubiertas por agrupaciones de piedras de variado tamaño. Destaca la megalítica como enterramiento principal, formado por una cámara circular y suelo empedrado con losas de menor tamaño que las que revisten las paredes. La cubierta es sostenida por una pilastra en el centro de la sepultura.

Bibliografía: